En algunos momentos escribo en pasado y no es porque
esté recordando. Escribir desde ese tiempo me aleja de lo que pasa, como si ya
lo estuviera viendo desde la distancia y pudiera contarlo desligada de ello,
como si ya estuviera superado. Pero no es así. En este instante sobre esta
pequeña mesa de madera con el ventilador girando insistente para dar alivio a
este calor sofocante, sigo habitando el centro de una espiral de vacío que
viene conmigo. Si alguien pudiera verme así, caminando por la calle en el
centro de esta espiral podría pensar en una pequeña galaxia desplomada que
camina con una mujer clavada en el centro. Yo podría pensar así, que no he
llegado a este vacío de forma natural si no que una galaxia minúscula se
desplomó un dia del cielo, por pura casualidad, cayendo fortuitamente sobre mi. Una galaxia que me ha
enredado en sus nubes densas, en su silencio estrellado, en su girar infinito.
Y así andamos las dos por las calles, una clavada en la otra, intentando dar sentido a este encuentro
inesperado.
Si pienso así me resulta más poético, incluso
fan†åstico. Las dificultades se transforman en una oportunidad para inventar,
para fantasear sobre el destino y el origen de las cosas. Siempre me ha gustado
soñar despierta, imaginar que las cosas no son lo que parecen si no algo
completamente sorprendente que puede resultar divertido en muchos casos. Porque
vivir en el vacío debería ser agotador, incierto, peligroso. Pero visto desde
otro lugar podría ser creativo, esclarecedor, poético. Hoy elijo este camino
que me lleva a transformar la experiencia que estoy viviendo. Verme clavada en
una pequeña galaxia que me viste de tutú con sus nubes espirales me saca una
sonrisa que me hace pensar que voy a rescatarme.
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