Uno entra en el vacío de muchas formas supongo. En mi
caso a través de la pérdida, de muchas pérdidas. Esas pérdidas son ya
irrecuperables y gracias a ello esa imposibilidad podría suponer una
liberación.
Se desprenden de mi muchas cosas, mucha gente. Al
hacerlo, aunque me duela, dejan libre el espacio de su presencia para nuevas
posibilidades. O quizá simplemente
para dejarme ver lo que hay debajo, pelando la corteza del tronco.
Llama a la puerta una tormenta. Estaba durmiendo. Al
despertar el cielo se ha contraído tragándose la claridad de la tarde. El
viento silba, avisando del remolino de sensaciones que en breve barrerán la
quietud del verano. Las puertas se cierran de golpe, las cortinas se ondulan en
silbidos, los árboles gritan, viene!...viene!
Salgo al viento a reconocerme, a bañarme en lluvia.
Los rayos amenazan con sus sonrisas torcidas haciendo muecas eléctricas.
Reconozco mi fuerza en ellos, mi propósito, mi determinación. La lluvia cae a
ráfagas cimbreada por un viento temerario. Una tormenta, una explosión, una
conciencia despierta. Observo el devenir de la naturaleza desde una esquina,
protegida por las paredes de granito de la casa. Mi furia cabalgando la tormenta,
mi enfado al servicio de las fuerzas naturales. Soy la tormenta. Ese arranque,
esa bravura, esa ira, esa violencia temeraria que podría destruir cualquier
cosa en un instante. Qué nadie se ponga por delante-dice la voz de la
tormenta-hoy no hay clemencia…vengo a arrastrarlo todo, a llevármelo
todo…no pidáis piedad…hoy soy más fuerte que la vida misma- ruge.
Tuve una mala noche, buscaba culpables, quería cortar
cabezas. Rodaron varias frente a mi pero verlas rodar no me calmó. La ira
quería más, quería acontecimientos, quería sangre, quería daños, consecuencias…
Traía muchas preguntas bajo el brazo, gritaba para hacerse oír porque nadie
parecía escucharla.
¿Quién te has creído para hacerme algo así? ¿Por qué
ahora? ¿Quien quiere acabar conmigo? ¿Quién cree que merezco esto? ¿Estáis
locos? ¿Está loco todo el mundo? ¿No hay ahí fuera nadie que me apoye, que vea
donde estoy, lo que siento? ¿Solo hay ciegos a mi alrededor? ¿Qué vida de
mierda es esta?
Los infiernos vienen a buscarme y me rodean. Me hacen
sudar. Mi corazón palpita. Mi garganta se cierra. Estoy ciega de enfado, de
dolor…
La calma solo llega de madrugada cuando los
fantasmas vuelven a sus escondites nocturnos.
La tormenta pasa.
La calma se restablece.
Las posibilidades se abren.
No sé quién se creen que son para arrebatarme mi tranquilidad mi amor mi vida sencilla.
ResponderEliminarTodo el mundo quiere romper con lo que ha conseguido. Son tan inquietos que la tranquilidad les abruma. Cambio y más cambio riesgo y más riesgo sin saber qué va a pasar pero saltan al vacío pase lo que pase y caiga quien caiga
Ojalá les salga bien y puedan cumplir su deseo.
A veces hay que saltar para aprender...si no la vida se encarga de hacerlo por ti.
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