Hay días, cuando me encuentro muy pérdida, que siento
la inaplazable necesidad de pedir explicaciones, de preguntar quien está al
cargo, quien me ha arrastrado hasta este lugar vacío y sin sentido.
Pregunto porque necesito saber quien es responsable
de mi situación. Tiene que haber alguien detrás, alguien que mueve los hilos,
alguien que me ha dejado sin padre, sin amiga, sin compañero, sin trabajo.
Alguien tiene que haber que ha de pagar por todo esto.
Pregunto y el vacío me responde:…………
Si escucho ese silencio y lo dejo penetrar en mi, hay
palabras que surgen y me contestan: hace meses saltaste al vacío, ¿recuerdas?
Recuerdo el dibujo de una niña saltando, una niña que
caía sin llegar al suelo, flotando en la caída, concentrada en el salto. Un
dibujo que todavía guardo entre mis papeles porque me impresionó. Saltar al
vacío dejando sostenerse por el vacío mismo, por la incertidumbre, por lo
desconocido. ¿Cómo alguien podría entregarse de forma consciente a semejante
locura?. La niña saltaba confiada, parecía disfrutar de su decisión. Pero ¿yo?
¿Había realmente saltado con ella conservando su dibujo entre mis carpetas de
trabajo? ¿Había saltado y vivía ahora las consecuencias de ese salto en mi
vida? ¿Puede uno dar un salto de conciencia y traer a su vida las consecuencias
de ese acto? ¿O daba el salto para empujarme a tomar conciencia?
Si era así no había a quién señalar, era inútil
intentar buscar a alguien para hacerle pagar el daño. Me revuelvo. Cuesta
hacerse responsable de la propia vida. Darme cuenta y aceptarlo suponía no solo
dejar de quejarme si no liberarme del peso de buscar. No había nada ni nadie a
quien buscar. Solo podía apelar a mi misma para encontrar la respuesta. Si la
respuesta no aparecía no podía hacer otra cosa que esperar. Porque la respuesta
estaba ahí dentro, en algún lugar de mi cuerpo, en algún lugar de mi alma,
esperando a que estuviese lista para comprenderla.
Esperar era dejarme ser….quererme de esa forma
incondicional que acepta lo que fui…lo que soy…lo que seré. Esperar era un acto
de amor hacia mi misma, un todo esta bien, un saltaste y aquí estás. En un
mundo apresurado en continuo movimiento esperar era lo más difícil que podía hacer.
Sola, con dos hijos adolescentes a mi cargo, la vida me pedía que esperase…que
comprendiese…sentada en una barca sin mástil…sin timón…sin ancla…en medio de un
océano inmóvil…cercada por una espesa niebla…
Me amé…esperé…
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